Gestión y Control / Diagnóstico de Negocio

¿Sabes dónde estás perdiendo dinero?

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Las ventas pueden crecer mientras la rentabilidad cae

Las ventas pueden crecer mientras la rentabilidad cae

Las ventas pueden crecer mientras la rentabilidad cae

8 min de lectura

Hay empresas que venden más, trabajan más y, sin embargo, terminan generando menos valor. No siempre es evidente por qué. A veces el problema está en los costos. Otras veces, en los precios, la productividad, los procesos, el retrabajo, el stock, la pérdida de clientes o en decisiones que llegan demasiado tarde.

Y hay algo todavía más difícil: el síntoma no necesariamente es la causa. Una caída en el margen puede verse en los resultados financieros, pero su origen puede estar mucho antes: en una política de precios, en un proceso ineficiente, en horas improductivas, en errores que obligan a rehacer trabajo, en inventario que permanece inmovilizado o incluso en información que llega cuando la decisión ya debería haberse tomado.

Por eso, antes de buscar una solución, conviene detenerse en una pregunta más básica: ¿Qué está pasando realmente?

Vender más no siempre significa generar más valor

El crecimiento de las ventas suele interpretarse como una buena señal. Y puede serlo. Pero las ventas, por sí solas, no explican la rentabilidad de un negocio. Una empresa puede aumentar sus ingresos mientras también aumentan sus costos, disminuyen sus márgenes, se deteriora su productividad o se consume más capital de trabajo.

Por eso, cuando el negocio crece pero el resultado no acompaña ese crecimiento, la pregunta no debería limitarse a: ¿Cómo vendemos más? También puede ser necesario preguntar: ¿Dónde estamos perdiendo valor?

El dinero puede perderse en lugares que no estás mirando

Las pérdidas de rentabilidad no siempre aparecen como una gran partida claramente identificable. Pueden construirse lentamente a través de pequeñas ineficiencias que se repiten todos los días.

Costos

Costos que aumentan sin que exista una explicación clara, compras que podrían gestionarse mejor o estructuras que crecieron más rápido que el negocio.

Precios

Productos o servicios que se venden, pero cuyo margen real no compensa adecuadamente los recursos necesarios para producirlos o entregarlos.

Procesos

Actividades innecesarias, esperas, duplicidades, controles manuales o responsabilidades poco claras.

Retrabajo

Errores que obligan a repetir una tarea, corregir información, rehacer entregables o solucionar problemas que podrían haberse evitado.

Productividad

Equipos ocupados permanentemente, pero con una parte relevante de su esfuerzo destinada a resolver problemas, esperar información o compensar deficiencias del proceso.

Stock

Capital inmovilizado en inventarios que no rotan como deberían o que requieren recursos adicionales para mantenerse.

Clientes

No solo importa cuántos clientes se pierden. También importa cuánto cuesta adquirirlos, atenderlos y mantenerlos, y qué rentabilidad genera realmente cada relación.

El síntoma no necesariamente es la causa

Este es uno de los errores más frecuentes cuando se intenta resolver un problema de negocio. Aparece un indicador deteriorado y se actúa directamente sobre él.

Baja el margen → reducir costos.

Caen las ventas → vender más.

Aumentan los errores → controlar más.

La información llega tarde → comprar un nuevo sistema.

El proyecto se atrasa → incorporar más personas.

Pero ninguna de esas respuestas necesariamente aborda la causa. El síntoma te dice que algo está pasando. No necesariamente te dice por qué. Por eso, antes de decidir qué hacer, es necesario entender la relación entre:

SÍNTOMA → PROBLEMA → CAUSA.

Y esa diferencia puede cambiar completamente la decisión.

Resolver el síntoma puede incluso crear otro problema

Imaginemos una empresa que está perdiendo margen. Una reacción posible es reducir costos. Pero ¿qué ocurre si parte de la pérdida de margen proviene de procesos deficientes? Reducir recursos podría disminuir todavía más la capacidad operacional.

O imaginemos una empresa con problemas de información. Comprar un nuevo sistema puede parecer una respuesta lógica. Pero si los procesos están mal definidos, las responsabilidades son difusas y los requerimientos no están claros, la tecnología puede simplemente digitalizar el problema existente.

No siempre falta una solución. A veces falta entender correctamente el problema antes de elegirla.

¿Qué hacer antes de implementar una solución?

No existe una receta única para todos los problemas. Pero hay algunas preguntas que pueden ayudar a evitar decisiones apresuradas:

¿Cuál es exactamente el problema? No el síntoma. El problema. ¿Dónde se manifiesta? ¿En los resultados? ¿En la operación? ¿En los clientes? ¿En la información? ¿En los tiempos? ¿En los costos? ¿Dónde se origina? El lugar donde aparece el problema no necesariamente es donde comienza.

¿Qué información necesitamos para comprobarlo? Una percepción puede ser un buen punto de partida, pero una decisión importante necesita evidencia. ¿Qué alternativas existen? Antes de comprometer recursos con una solución, conviene entender qué opciones existen y qué implicancias tiene cada una. ¿Qué pasa si no hacemos nada? También es una decisión.

Y a veces el diagnóstico no es el final

No todos los problemas terminan cuando encontramos la causa. Hay empresas que necesitan entender qué está pasando. Otras ya saben que necesitan cambiar, pero necesitan dirección para hacerlo. Especialmente cuando el negocio ha crecido, cuando la complejidad aumentó o cuando la forma en que se gestionaba la empresa dejó de ser suficiente para la nueva realidad.

En esos casos, el desafío puede ser otro: transformar la forma en que se dirige y gestiona el negocio. Eso puede requerir acompañamiento ejecutivo senior para ordenar prioridades, tomar decisiones, instalar mecanismos de gestión, coordinar iniciativas y mantener el foco en la ejecución.

No necesariamente significa incorporar inmediatamente una estructura ejecutiva completa. A veces significa contar con dirección senior cuando la empresa la necesita, durante una etapa determinada de transformación o crecimiento.

Dos momentos en los que podemos aportar

En SolverBiz trabajamos especialmente en dos situaciones.

Cuando el problema todavía no está completamente identificado

La empresa sabe que algo no funciona, pero no necesariamente sabe dónde está la causa ni cuál es la solución correcta. Ahí el trabajo comienza por entender, diagnosticar y decidir.

Cuando la empresa sabe que necesita cambiar

El problema puede estar más claro, pero llevar la transformación adelante requiere dirección, estructura, seguimiento y capacidad de ejecución. Ahí podemos acompañar a la dirección con experiencia ejecutiva senior, ayudando a convertir las decisiones en cambios concretos.

En ambos casos, el punto de partida es el mismo: entender antes de actuar.

No partimos por la solución

En SolverBiz integramos experiencia ejecutiva y consultiva para mirar los problemas desde distintas perspectivas: negocio, estrategia, finanzas, procesos, tecnología, proyectos y operación. Pero no partimos de una solución predeterminada. Porque cuando el problema es importante, equivocarse en la solución también puede ser costoso.

Primero hay que entender qué está pasando. Después, decidir dónde actuar. Y cuando sea necesario, acompañar la transformación hasta convertir esa decisión en resultados.

¿Tienes un problema importante y todavía no tienes claro dónde está la causa?

¿Tienes un problema importante y todavía no tienes claro dónde está la causa?

¿Tienes un problema importante y todavía no tienes claro dónde está la causa?

No necesitas llegar con el problema perfectamente definido.

SolverBiz Consultores — Expertos en problemas importantes de negocio.

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